A 1 de abril de 2024, la temporada de Valencia Basket todavía está a tiempo de todo. Puede reconducirse y acabar bien la temporada, pero también está a tiempo de volver a culminar en desastre. Mis sensaciones a día de hoy ven más cerca el segundo extremo que el primero. ¿Es pronto para quemarlo todo ya? Mi lógica dice que mientras haya opciones matemáticas de cumplir tus objetivos, es muy pronto. Lo que sí se puede concluir ya es que no recordaremos la temporada 2023/24 como aquella que volvió a enganchar a La Fonteta con el equipo masculino.

Analizando la dinámica reciente y los próximos pasos, vemos un equipo que salvo partidos puntuales, carece de lo que le había hecho fuerte a principio de temporada. Yendo al terreno Euroliga -la competición en la que pensaste cuando hiciste esta plantilla-, Valencia Basket acumula un 5-10 en la segunda vuelta de la Euroliga, con 6 derrotas por 10 puntos o más de diferencia. Es un hecho que el equipo ha perdido la fortaleza que le hizo ser la mejor defensa de la primera vuelta, tanto por puntos encajados como por rating defensivo. En la primera vuelta el equipo encajó 74.3 puntos por partido, que contrastan con los 82.3 de esta segunda vuelta, con partidos sonrojantes como el del Fenerbahce y derrotas de competir poco como las de Virtus o Maccabi. Sí que es cierto que el equipo ha mejorado en puntos anotados respecto a la primera vuelta (de 74.8 a 79.2), pero el balance promedio por partido ha pasado de ser de +0.5 a -3.1. En resumidas cuentas, el equipo se ha debilitado respecto al inicio de año.

En ACB el panorama es, a día de hoy, de suspenso. El equipo está en ese tren de la clasificación en los que una victoria te cambia todo. Por ejemplo, de haber ganado ayer en Gran Canaria, el equipo sería 4º, pero como perdió, está a una derrota vs Baskonia -próximo domingo en La Fonteta, ojo al partido- de salir de la zona de Playoffs. Contando a Joventut de Badalona como equipo todavía vivo en la lucha, a Valencia Basket le faltan 5 de los 7 partidos de ACB con equipos en zona de Playoffs o en la lucha por acceder. Un calendario donde el equipo parte con otra exigencia distinta a la de Euroliga: en la gran competición europea quedar dentro de playoffs/play-in es un reto ambicioso, pero en ACB todo lo que salga de los cuatro primeros puestos es estar por debajo de lo que tu exigencia marca. Una ACB donde el equipo ha caído en desconexiones que le han costado partidos y donde ha faltado más de un paso adelante para poder sacarlos. Así lo recoge El Rincón del Supermanager:

La realidad a día de hoy es que el equipo ha decaído en Euroliga, en ese momento en el que todos los equipos dan un paso adelante, y que en ACB está por debajo de su obligación. ¿Cómo se explica esta caída? Yo soy de los que mira a la falta de liderazgo y como es lógico, ante esta carencia, la reacción natural es señalar al banquillo. Primero porque es un rol clave y por responder al principio de que “si todos están mal es por cosa del entrenador”. Es irrefutable. Segundo, por el perfil del entrenador: Mumbrú no es un entrenador líder. Ni lo fue cuando llegó ni se valoró el liderazgo como criterio cuando firmó tres años. Creo que su etapa en Valencia le ayudará a ser un mejor entrenador y lo será, pero no es un perfil líder cuando juegas Euroliga y ACB. Por cierto, aprovecho para meter la cuña: no creo que Jaka Lakovic, que tanto sonó en el conato de crisis post-Copa y tantísimo me gusta como entrenador, responda a ese perfil de líder que reclamo y que creo que el contexto del club necesita. Pero estos análisis ya los haremos en junio.

Ahora bien, veo carencias que me hacen mirar más allá de Mumbrú. Cada partido que pasa y veo al equipo diluirse, más miro a la plantilla. Es cierto que Valencia Basket dio un paso necesario el verano pasado renovando el vestuario y que la Euroliga aprieta, exige físico y perfiles que antes no habían abundado en la ciudad. Fichajes como Ojeleye, Davies o Inglis fueron recibidos con los brazos abiertos y apuestas como Reuvers o Touré vendían ilusión pese a lo desconocido, porque cumplían con el cometido de mejorar la fortaleza física. Además, nos frotamos las manos pensando en el segundo año de Jones o Harper (pese a lo que fue su verano), jugadores que responden a la necesidad de 1×1 que el club había adolecido tanto tiempo en el juego exterior. Haciendo el recuento de piezas y virtudes, nos faltó poner el foco en algo capital: ¿dónde dejamos el liderazgo?

Creo que hay jugadores con potencial de líder y de ser importantes para construir un equipo largo y competitivo, como Pradilla o López-Arostegui, que ya esta temporada han sido claves en momentos puntuales por contagiar carácter y barro, pero hay que ir mucho más y pedir eso en jugadores importantes. Valencia Basket dio un paso adelante construyendo una plantilla desde el aspecto físico, pero no desde el químico, el aspecto que ha dado éxitos al club en épocas pasadas. Una sensación de que por querer cambiar, se han olvidado perfiles básicos que ayudaron a que el club creciera. 

Pienso de carrerilla nombres variados como Van Rossom, Sato, San Emeterio, Guillem Vives o Lishchuk. Cada uno con sus virtudes y sus defectos, pero que en definitiva eran jugadores capaces de hacerse notar y lanzar dinámicas positivas con su presencia, ya fuera haciendo una buena ayuda defensiva, recuperando una bola, metiendo un triple cuando la situación quemaba o simplemente marcando una jugada diciendo que aquí estoy yo y que todos tranquilos. Ahora mismo el equipo transmite buenas intenciones, pero le falta cabeza y liderazgo en momentos donde las cosas se aprietan.

(Paréntesis: aprovecho para intentar marcar una diferencia entre el hacerse notar con tu presencia con el llamado complejo de héroe y creer que el liderazgo se resume en gestos excitantes para la grada)

Volviendo al foco, es cierto que el baloncesto ha evolucionado desde los días más felices de Valencia Basket, y que es algo que se nota más todavía jugando Euroliga en cinco de tus últimas siete temporadas. Tan real es eso como que mientras ha buscado nuevos perfiles, Valencia ha olvidado construir desde la identidad y apenas ha fichado líderes. En el banquillo y en la pista. Pensando en el momento actual, me hago la siguiente pregunta: ¿Hay dentro de ese vestuario más mimbres para sacar carácter cuando vengan mal dadas y no vivir de las buenas intenciones? Lo visto hasta ahora da para creer que no, con el precedente de la Copa del Rey de Málaga y las informaciones de los días posteriores. Estamos en una temporada donde se ha remarcado la idea del vestuario sano y del deseo, pero no se está transformando en un paso adelante cuando la situación lo ha requerido.

Hablando del liderazgo a partir de los mimbres actuales, tampoco me parece sano validar discursos como el de pensar en Valencia como un lugar para reencontrarse o como el lugar donde jugar hasta retirarse en jugadores en jugadores llamados a ser líderes, cuando todavía no han sumado ningún mérito reseñable jugando de naranja. Por aplaudir y validar cosas así durante tiempo la etapa de alguien como Dubljevic en Valencia acabó como acabó. Es señal de no aprender de errores pasados y no creo que ayude a construir desde la exigencia, un concepto clave sobre el que debe girar todo proyecto de éxito.

Todos estos factores suman y dan algo que La Fonteta, tan cuestionada y tan mejorable en muchos aspectos, huele. Porque entre tanto debate sobre el entorno, no olvidemos que La Fonteta acompañaba cuando veía un equipo con el que identificarse. A día de hoy, con más de 60 partidos jugados de temporada, Valencia Basket no ha conseguido esa conexión, porque no transmite. Para muestra, un botón: a tres días de jugarse un partido imprescindible para seguir en la lucha por el play-in (algo que, de conseguirse, sería algo muy meritorio para el equipo y staff técnico), no veo motivos más allá de las matemáticas para que el jueves haya un buen ambiente en el pabellón. Y ni así.

Con la temporada a punto de afrontar su tramo decisivo -ahora sí que sí, ya no hay más-, solo queda esperar a que el equipo deje de ser un cúmulo de buenas intenciones y que de un paso al frente. Ahí estará la diferencia entre construir un proyecto ilusionante o volver otra vez al bucle que acaba llenando hilos de #SuenaParaPamesa y que acaba bajando el número de fieles en vísperas de mudarte a una casa más grande. Sea lo que sea, tengo claro que sin liderazgo en el equipo va a ser imposible construir nada sólido. Y a día de hoy, ¿donde está el liderazgo que yo lo vea?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *