Valencia Basket se encuentra ante una muy complicada decisión


No me gustaría estar ahora mismo en la piel del nuevo Director Deportivo de Valencia Basket Luis Arbalejo, ni en la del Director General Enric Carbonell.


Ahora mismo me los imagino en una encrucijada, sin saber muy bien qué rumbo tomar. La apuesta en el banquillo para este ciclo, Álex Mumbrú, al que se le firmaron tres años, borrando una de las líneas rojas que se autoimponía el club desde hace muchos años, está dando muchas razones para tener dudas sobre su idoneidad para el cargo.


La cabeza les debe decir que hay que confiar en el técnico, que no se puede dudar después de solo un partido y que un cambio en el banquillo local de La Fonteta hablaría mal del proyecto a medio-largo plazo que del que nos hablaron a comienzos de la temporada pasada…, pero el corazón sí que debe dudar y no poco, porque la imagen del equipo bajo la batuta de Álex no está siendo la deseada, porque el equipo ni ha jugado bien ni ha ilusionado a la grada del pabellón taronja, una grada que en contadísimas ocasiones ha conectado con el equipo como se pretendía.


Y como no creo que ni Luís ni Enric estén por la labor a priori de poner el equipo en manos de otra persona, me los imagino pidiendo a Mumbrú que les dé argumentos para no echarle, más allá del mantra “proyecto, proyecto, proyecto”.



Porque el año pasado el equipo fue una ruina y nos brindó una liga ACB bochornosa, porque en Euroliga se compitió bien pero el equipo se cayo los dos últimos meses, porque se batieron infinidad de records negativos entre los que se podría destacar que fue la peor temporada desde el retorno a ACB en la 1996-1997 en porcentaje de victorias, rating defensivo, net rating, True Shooting permitido al rival y la segunda peor en porcentaje de rebotes capturados. Además, el porcentaje de canastas asistidas respecto al de canastas anotadas cayó en picado, mientras el número de triples lanzados por partido y el porcentaje de estos respecto al número de tiros de campo intentados llegó a topes históricos del club.


Además, si comparamos números de Álex con otros entrenadores de la historia del club, vemos que es 19º (de 23) en porcentaje de victorias, teniéndonos que remontar al inefable Manuel Hussain para encontrar un dato peor. Otro dato elocuente es que se han perdido 22 de los últimos 34 partidos oficiales y 8 de los últimos 16 en casa. Entre que el futuro de Txus Vidorreta lo decida un triple a 8 metros de Eriksson a una pierna y que se asuman todos estos datos por existir un contrato de tres años debería haber algún tipo de gris.


El momento de tomar la decisión fue este verano. Había argumentos de sobra para cambiar el rumbo, pero se optó por seguir con Álex, se fue muy valiente enseñándole la puerta de salida a jugadores que venían de otro ciclo y que eran reticentes a la nueva manera de hacer las cosas y se dotó al equipo de perfiles más físicos y más acorde con el basket moderno.


Con la decisión de darle a Mumbrú otra oportunidad, se asumieron ciertos riesgos. Habiendo un evidente desgaste en la opinión que en la grada se tenía del coach, era esperable que a la primera piedra que apareciera en el camino en esta nueva temporada, las brasas iban a arder de nuevo y así ocurrió el pasado sábado. El calendario tampoco da tregua y las salidas a Tenerife y Málaga junto con el debut en Euroliga ante uno de los cocos de la competición, como es el Mónaco, hacen que no se pueda descartar, ojalá no, un pleno de derrotas que haría el ambiente en La Fonteta irrespirable.


Y en esa situación me imagino a Luis y a Enric. Queriendo seguir con Álex y pidiendo que les dé argumentos a los que agarrarse para ello, y al mismo tiempo con miedo de dejar caer al equipo demasiado y que la decisión llegue tarde, porque ahora, evidentemente, se está a tiempo de enderezar la marcha del equipo, pero también porque hay potenciales sustitutos de plenas garantías, que estoy seguro de que gustan mucho y que nunca sabes si estarán disponibles eternamente.


Por todo esto, ahora mismo, no me gustaría estar en la piel de Luis Arbalejo y Enric Carbonell… o igual sí.

Benjamín Crespo.

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