Decía Chris Jones durante la pretemporada que había trabajado su cuerpo, pero especialmente había trabajado ser un mejor líder. También declaró que su intención era retirarse en el Valencia Basket. Muy loable sin duda, pero hay que demostrar en la pista lo que se dice en la prensa y lo que vimos el sábado no se pareció en nada a un líder ni a un jugador que ha trabajado su cuerpo y menos a alguien que espera pasar muchos más años vistiendo la camiseta taronja.   

Quizá sería conveniente explicarle que es más probable que alargues tu carrera en València si sigue los pasos de las camisetas que hay retiradas. Rafa Martínez y Víctor Luengo no eran los mejores en su posición, pero lo daban todo siempre, no importaba si delante estaba el Girona o el Efes, cada partido contaba y en cada partido salían a dar ejemplo. Ponían el listón a una altura que señalaba al que no lo mantuviera, eso es ser un líder y eso los llevó a estar en el club mucho más tiempo que otros jugadores con quizá más talento, pero menos entrega.

Con esfuerzo, el de verdad, no el de un eslogan vacío, las probabilidades de éxito y de ser el favorito entre la afición crecen exponencialmente. Y si no lo cree mejor haría en preguntarle al anterior líder del equipo. Bojan Dubljevic no está más en València porque olvidó lo que le hizo un líder. Dar abrazos antes de los partidos y meter un triple levantando los brazos no era lo que hizo a Bojan el ídolo de la ciudad. Ser el que peleaba cada balón, el que no tenía miedo a nadie, el que llevó al equipo a tres finales en una temporada y la consecución del primer título ACB sí. Bojan consiguió tantas cosas que podría haber estado en València de por vida. Pero se relajó. Elegir qué partidos dar la talla y en cuáles andar, una forma física cuestionable sumado a malas temporadas globales del equipo, acabó con su índice de popularidad y con su cuerpo en San Petersburgo. 

Jones está a tiempo de elegir qué clase de líder quiere ser. El que hace declaraciones “tribuneras” o el que manda sobre el parquet. El que dirige lo hemos visto, la temporada pasada fue el mejor jugador en anotación en muchos partidos, Top 10 en momentos clutch de la Euroliga, un jugador en el que confiar en los momentos más tensos del partido y al que no le quema la pelota en las manos. Todo eso ya lo hemos visto y por tanto se le puede pedir de nuevo. 

No es mi intención criticarle en este artículo. Más bien darle un toque de atención porque tengo confianza plena en él y he visto lo buen jugador que es. Para mí ha sido un gusto verle jugar la temporada pasada, tiene un gran 1vs1, clarividencia para definir y sangre fría. No le voy a pedir jamás que vaya de lado a lado corriendo como Harper, eso no es Jones, pero debe entender que hay momentos para andar y hay momentos para acelerar el paso. Si tu equipo pierde en casa en el primer partido a falta de un minuto, pasar el medio campo flirteando con no hacerlo en 8 segundos no es admisible.

Sé que a quien se le ha cruzado ya dará igual lo que haga, será el que siempre anda, el que amasa el balón y el del “Jones Sistema”. Y en parte tendrán razón, a veces anda, a veces amasa balón y sí peca de “Jones Sistema”, pero un jugador suele hacer también lo que le dejan hacer. Quizá esa sea una de las teclas que hay que tocar según Arbalejo. 

En definitiva, lo que he querido decir es que el éxito o fracaso de Jones va a ser trabajo de todos. Suyo de entender qué necesita el equipo en cada momento y de involucrar más al resto en el juego. Del entrenador para saber cuando dar rienda suelta y cuando atar en corto el “Jones Sistema”, algo que sí sabe hacer con Harper. Y del resto de los mortales entre los que estoy para tener paciencia mientras encajan el rompecabezas. 

Cómo dijo Eugenio: «¡Dios mío, dame paciencia… pero YA!»

Jordi Bonet

Fotos: Valencia Basket | Miguel Ángel Polo | Jordi Bonet

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